dijous, 27 / novembre / 2008

piedra

Tengo la sensación de estar sobreviviendo en vez de vivir, que la vida me roza sin apenas llenarme, que los momentos me acarician los hombros y que al girarme tan sólo encuentro vacío. Tengo la impresión de ser fruto de una broma, quizá un engaño o un desliz, algo que debe ser tapado, escondido, repudiado, mirado de reojo.

Una sensación extraña de salir en una película mala, primer plano en la pantalla, de cuerpo entero y desnuda, donde yo soy consciente del patio de butacas; soy consciente de que todo el mundo me observa riéndose sin saber que puedo verlos. Una película, una tragicomedia absurda de bajo presupuesto, donde yo soy todos los personajes y de ninguno me sé el guión: soy el bueno y el malo, el gordo y el flaco, el Quijote y su Dulcinea, a veces Sancho otras Rocinante; en escenas soy un pozo tenebroso y húmedo, en otras soy mar unas veces calmado, otras en tempestad; madre e hija, y también hijo, en ocasiones rebeldes, en otras obedientes; soy personajes cómicos irónicos y de imposible realidad pero a veces soy la realidad misma, así como es ella dura, punzante e irreversible; verdad y mentira, deseo y repudio, café y leche, sopa de pollo y cerezas, agrio y dulce, agua y arena, sol y nubes, un suspiro, un grito... china, africana, neandertal... Animal, roca, sentimiento... Locura... Interminable... Permanencia... Una película sin final...

Mis pies están clavados al suelo, inmóviles. No puedo moverme, no puedo pensar, aturdida por la supervivencia, atrapada en un agujero sucio y putrefacto. No veo la luz, ni del sol ni de la luna, aunque no siempre es de día, ni tampoco de noche. Y me canso de esta sensación porque me inquieta. Tengo la sensación de ser siempre principio, de un todo que es nada y que va a la deriva perdiéndose entre estas sensaciones, llagándome, extirpándome, devorándome.

Sobrevivo sin recordar dónde he estado, qué he hecho, si he tomado algún medicamento, si he conocido a alguien, si me enamoré, si odié, si dormí, si sólo lo he soñado o si fue verdad. Y esta manera de no recordar me lleva por el camino de la experiencia aún por aprender, sin libros ni maestros, sin más detalle que un paso, y otro, pero inmóvil, en mi agujero sucio y putrefacto, sin poder respirar, sin saber del tiempo, ni de la pasión, ni del mañana.

No sé dónde estoy, no tengo voz ni ganas. No tengo pasado, inerte sencillez del paso de los días... sencillez estrambótica, excéntrica, inconfesable, simple... arrolladora... mareante.

Tengo el cuerpo anestesiado, no siento nada, temo que mis poros se hayan cerrado impidiendo la expulsión de fluidos al exterior, no puedo sudar...

¿Qué fue lo que pasó? ¿Qué fuerza extraña me trajo aquí y me borró la memoria, los proyectos... el saber hacer y estar? ¿En qué momento me convertí en piedra?

dimarts, 9 / gener / 2007

Lo que te dejaste olvidado

Si hubieras sabido todo lo que abandonabas aquí, no te habrías ido.

En el segundo cajón de nuestra cómoda están guardados los primeros besos que te di, aún tienen el color de la sorpresa. Por las noches, mientras te pienso, se alborotan, notan que falta algo, se asoman y me ven sentada en la cama rodeada de tus libros, rozarme los labios con las yemas de los dedos, saben que los tuyos han huido. Se esconden a llorar secándose las lágrimas con nuestras cartas, confesiones escritas, sentimientos condenados a perdurar en negro o azul.

Al despertar, tarde, como siempre, siento que no hay nada que hacer. Las ganas ronronean cerca de la bolsa de la basura, en la cocina, donde si me fijo bien aún puedo distinguir mis huellas dactilares entre los pétalos de las margaritas que hay dibujadas en las baldosas, de aquella vez que hicimos el amor entre olores de aceite y sal. Un suspiro se me escapa, abre la puerta de la galería y está tu reflejo poniendo una lavadora, me mira y sonríe… nunca supiste tender bien la ropa y yo me enfadaba porque me arrugabas de mala manera mis jerséis. Cierro de un golpe de pie la puerta, ya lo sé, no estás, sólo mi ropa se congela fuera.

Al volver al comedor, la tele se pone en marcha, justo en los documentales que te gustaba ver. Pero como me falta tu hombro para verlo como entonces, apago la tele y digo: ‘Te venderé’.

Entonces, las cortinas se mueven, ya han llegado… Tras ellas, los recuerdos de cenas y comidas familiares hacen presencia con el mediodía. Se sientan en las sillas, alrededor de la mesa y repiten una y otra vez todas y cada una de las comidas y las cenas que pasamos juntos. Uno de ellos se atraganta, tose fuertemente, yo me pongo nerviosa y tras un alboroto inusual pero no casual, escupe un grito, aquél que una vez me lanzaste cuando discutimos porque la casa estaba hecha un asco, como ahora, y ninguno de los dos tuvimos tiempo de limpiar. Sigue escupiendo, mientras me hundo en el sofá afligida, escupe aquellas noches que me iba a dormir sola, después de habernos tirado rayos de agobio y habernos mordido de incomprensión, tú te quedabas en el sofá… Parece que se va a ahogar y de pronto, tirado en el suelo, vomita por fin la tarde en que te fuiste…

… tarde de lluvia, tarde que nos dijo que era demasiado tarde para nada. Tarde en que todo se impregnó de ti y cada día, allá donde mire, te veo y te siento irremediablemente. Enciendo el ordenador, llorando, tal vez para buscarte, miro mi correo, no hay mensajes. Pero no es eso lo que busco… acaricio las teclas aún calientes por el roce de tus dedos, tomo en mis manos el ratón, me acaricio la mejilla con él, cierro los ojos y eres tú quien me acaricia. Tantas horas frente al ordenador trabajando, jugando, matando las horas, buscando canciones, está lleno de ti. Tiene el aroma de tus manos, la esencia de tu estar, la profundidad de tu mirada… Tu reflejo se quedó en la pantalla, me miro y te veo.

En el sillón, me recuesto para soñarte, a ver si me puedo dormir un rato, a ver si los recuerdos se calman, a ver si ese suspiro atrapado en la galería deja de llorar, a ver si por unos instantes los muebles se vuelven inertes y puedo descansar…… de ti.

Pero es inútil, porque donde más impregnado te quedaste es en mi memoria, y el amor que siento por tus cosas, por tus espacios, por tus delirios y pensamientos, todo el deseo que siento por ti está en mí… y no puedo dejar de pensarte.

Me levanto cansina, y el dolor se escapa húmedo por las piernas, dejando un rastro espumoso en el suelo, arrastro los pies hacia el balcón… y se hace de noche. Encharcada y sentada en la silla de plástico verde miro la oscuridad, siento las pantorrillas frías, a dúo con las escasas estrellas. Las miro, parpadean, me dicen algo que no entiendo. ¿Qué más da? Igualmente, desde allá arriba nada pueden hacer. Son las espectadoras de mi función deprimente y degradante. Los besos del cajón de la cómoda ya se han despertado, y al no verme en la cama me llaman. El termómetro que compraste marca -2 grados mientras baila el vals de la noche con el viento. Me acerco a la barandilla, también está fría… y sucia. La calle a lo lejos está húmeda, seguro que también está fría. Frío, hace frío, me asomo más, medio cuerpo fuera, frío, veo los balcones de los pisos de abajo. Uno tiene un toldo de margaritas, como las baldosas de nuestra cocina.

Regreso a la cama, a enredarme con las caricias que te olvidaste en las sábanas. Aquí estaré si decides volver, contando las veces que cruzaste ese umbral hasta que me duerma.

dilluns, 20 / novembre / 2006

Ahora que...


Joaquín Sabina
Album: 19 días y 500 noches
Canción: Ahora que...


Ahora que nos besamos tan despacio,
ahora que aprendo bailes de salón,
ahora que una pensión es un palacio,
donde nunca falta espacio
para más de un corazón...
Ahora que las floristas me saludan,
ahora que me doctoro en lencería
,ahora que te desnudo y me desnudas,
y, en la estación de las dudas,
muere un tren de cercanías...
Ahora que nos quedamos en la cama,
lunes, martes y fiestas de guardar,
ahora que no me acuerdo del pijama,
ni recorto el crucigrama,
ni me mato si te vas.
Ahora que tengo un alma
que no tenía.
Ahora que suenan palmas
por alegrías.
Ahora que nada es sagrado
ni, sobre mojado,
llueve todavía.
Ahora que hacemos olas
por incordiar.
Ahora que está tan sola
la soledad.
Ahora que, todos los cuentos,
parecen el cuento
de nunca empezar.
Ahora que ponnos otra y qué se debe,
ahora que el mundo está recién pintado,
ahora que las tormentas son tan breves
y los duelos no se atreven
a dolernos demasiado...
Ahora que está tan lejos el olvido,
ahora que me perfumo cada día,
ahora que, sin saber, hemos sabido
querernos, como es debido,
sin querernos todavía...
Ahora que se atropellan las semanas,
fugaces, como estrellas de Bagdad,
ahora que, casi siempre, tengo ganas
de trepar a tu ventana
y quitarme el antifaz.
Ahora que los sentidos
sienten sin miedo.
Ahora que me despido
pero me quedo.
Ahora que tocan los ojos,
que miran las bocas,
que gritan los dedos.
Ahora que no hay vacunas
ni letanías.
Ahora que está en la luna
la policía.
Ahora que explotan los coches,
que sueño de noche,
que duermo de día.
Ahora que no te escribo
cuando me voy.
Ahora que estoy más vivo
de lo que estoy.
Ahora que nada es urgente,
que todo es presente,
que hay pan para hoy.
Ahora que no te pido
lo que me das.
Ahora que no me mido
con los demás.
Ahora que, todos los cuentos,
parecen el cuento
de nunca empezar.

dimecres, 25 / octubre / 2006

junio 2006

Cuantos más días pasan más increíble me parece... aunque más me doy cuenta de todo y más desgarrado queda todo.

Se instalan la pena, los recuerdos y las verdades que ahora parecen mentiras.

Es increíble pero es cierto y cada día debería ser más sano... aunque no sé...

Es increíble, como a cada herida una coraza la cubre y poco a poco te vuelves duro, frío y sin esperanzas ni espectativas...

Es increíble cómo poco a poco se puede matar un corazón sólo con el silencio y el olvido...

dimecres, 4 / octubre / 2006

Ansiedad

Siento frío, pero no por fuera de mí sino dentro de mis músculos, calándose en mis huesos, doliéndome. Mis dientes castañean y respiro entrecortadamente. Mi cuerpo tiembla y se tensa, mis nalgas se aprietan y las piernas no me tienen en pie, se doblan soportando a medias el peso del cuerpo. Las lágrimas ruedan por mis mejillas calientes y rojas alcanzándome el cuello, mis brazos me abrazan y mis uñas se clavan en la espalda... me muerdo la lengua. De pronto, no oigo nada, el silencio de la ansiedad cubre mis oídos y cierra mis ojos hinchados con fuerza, me duele la frente y la mandíbula.

Caigo al suelo y estallo en un llanto que sacude mi cuerpo en el suelo del comedor. Mis gatos están nerviosos... y mientras, gritos se confunden con sollozos dolorosos...

En nada pienso, en ningún tiempo me siento, ahora ya no importa nada, sólo estoy yo tirada en el suelo sacudida por esta ansiedad... el llanto ha controlado los temblores, mi boca ahora está abierta de par en par para dar salida a todo el dolor. Me cuesta respirar, mi cuerpo expulsa todo el aire que entre en los pulmones pero deja entrar poco, toso, me atraganto y parece que voy a vomitar.

La ansiedad se convierte en agonía que no termina, mis lágrimas han formado ya un pequeño charco en el parquet. En posición fetal sigo abrazándome como si me doliera el vientre pero donde ahora duele es entre mi pecho y mi ombligo. La boca del estómago se retuerce como si tuviera vida propia, ajena a mi cuerpo que ya no siento mío.

La agonía se convierte ahora en tristeza oscura, envolvente, como una manta me cubre mientras caigo vencida ante ella, la tensión de mi cuerpo desaparece y se relaja sobre el piso. Gotas de lágrimas, saliva y mocos resbalan por la piel de mi cara ardiente, estoy empapada en sudor... ahora mis gritos son lamentos, como los de alguien que está a punto de morir de una herida infectada. Mi respiración se vuelve más rítmica pero me duele el pecho y la garganta. En el ceño siento una punzada demasiado dolorosa y la cabeza me va a explotar, puedo notar los latidos de mi corazón en el cerebro: PUM-PUM! PUM-PUM! PUM-PUM! PUM-PUUUUUUUUUUUUUUM!!!!!!

Derrotada dejo de llorar notando ahora los pulmones completamente abiertos dejando pasar el aire profundamente, aunque su expulsión es temblorosa aún. Quedo agotada y cansada un largo rato en el suelo, con los ojos cerrados, intentando asimilar lo que ha ocurrido. Pasan minutos, quizá horas... no sé.

Como si me hubieran dado una paliza me incorporo lentamente, me crujen las cervicales y noto una tensión en las dorsales, mañana me va a doler la espalda, lo sé. Aún noto los latidos en el cerebro, la cabeza me pesa, apenas si puedo abrir los ojos, respiro por la boca porque tengo las fosas nasales llenas de mocos que noto como van bajando hacia mi garganta. Trago. Eso me provoca una arcada... Mis pasos ciegos me arrastran al lavabo, delante del espejo, me lavo la cara con agua fría que alivia la quemazón y limpia los fluidos segregados durante el ataque. Observo mi reflejo borroso en el espejo... me invade un odio terrible contra esa persona que me mira con el pelo alborotado, los ojos como almendras, los labios cortados y dados de sí y la cara como un tomate:

— Estarás contenta, ¿no? ¿Qué coño estás mirando? Imbécil.

Ansiedad... terrible tortura.

dimecres, 27 / setembre / 2006

Penso en tu

Penso en tu, en quin sentit? Encara no ho sé. És com si m’hagués enfonsat en un somni profund, d’aquells que camines per carrers grisos, veus gent però no et veuen a tu, creues muntanyes sens esgotar-te, fins i tot de vegades pots volar i tot fa olor d’una estranya tranquil·litat envoltada de silenci... i encara somio... temo despertar.

Perquè sé on comença la teva absència però no on acaba. El que m’envolta és eteri, com part d’un decorat... què passarà quan baixi el teló? Què succeirà llavors, quan els espectadors se’n vagin tot murmurant opinions, quan les llums s’apaguin i jo em quedi sola en mig de l’escenari... respirant? Potser no sigui capaç d’aguantar el so de les meves passes tallant el silenci i arrenqui a córrer intentant deixar enrere la por.Visc sense deixar rastre, incapaç d’emmagatzemar records sòlids, els teus, els nostres, encara estan aquí i són massa evidents... Ja puc moure les mans per a espantar-los que no, no, m’esquiven! De vegades, puc tancar-los dins d’algun armari, però no aconsegueixo fugir dels seus murmuris...

Encara penso en tu, de quina manera? Potser en la que hauria d’haver-ho fet quan estaves aquí... però això era impossible. Com impossible era lliurar-te tot el que tenia per a tu; ara, es corromp dins meu com una heura sense aigua... a poc a poc s’asseca però es queda enganxada a les parets de les meves entranyes.

Fa tan poc i alhora tant temps de tot i de res que he perdut la noció d'on, quan i de quina manera vaig deixar de pensar en tu per fer-ho ara quan ja no és necessari. No desitjo que tornis però tampoc tinc clar si vaig desitjar que t’anessis... és estrany...

Estic bé... és només que accepto que penso en tu, de quina manera? Encara no ho sé.

divendres, 8 / setembre / 2006

Donde habita el olvido

Joaquín Sabina
Donde habita el olvido
Cuando se despertó,
no recordaba nada
de la noche anterior,
"demasiadas cervezas",
dijo, al ver mi cabeza,
al lado de la suya en la almohada...
y la besé otra vez,
pero ya no era ayer,
sino mañana.
Y un insolente sol,
como un ladrón entró
por la ventana.
El día que llegó
tenía ojeras malvas
y barro en el tacón,
desnudos, pero extraños,
nos vio roto el engaño
de la noche, la cruda luz del alba.
Era la hora de huir
y se fue, sin decir:
"llámame un día".
Desde el balcón la vi
perderse, en el trajín
de la Gran Vía.
Y la vida siguió,
como siguen las cosas que no
tienen mucho sentido,
una vez me contó,
un amigo común que la vio
donde habita el olvido.
La pupila archivó
un semáforo rojo,
una mochila, un peugeot
y aquellos ojos miopes
y la sangre al galope
por mis venas
y una nube de arena
dentro del corazón
y esta racha de amor
sin apetito.
Los besos que perdí,
por no saber decir:
"te necesito".

...donde habita el olvido....